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Andrés Romero: “No me quiero retirar sin ganar un torneo grande”

Después del envión que significó su consagración en Munich en junio pasado, el Profesional tucumano deposita muchas expectativas para 2018. ¿Cuáles son? Nos las cuenta en esta entrevista.

Aún en sus peores momentos, Andrés Romero fue un optimista del golf. Cuando la realidad le entregó malos augurios, todavía siguió creyendo en empresas imposibles. Ya restablecido, 2018 le trae varios motivos para pensar en positivo, impulsado por su triunfo en la última temporada en Munich. Con la confianza al máximo y un swing que le devuelve tranquilidad y aplomo en la cancha, el Pigu se muestra listo para relanzarse, en una doble apuesta entre el Tour Europeo y el PGA Tour, el circuito que lo desvela.

¿Qué enseñanza te dejó el título en Alemania con miras a lo que se viene?
Pienso y creo que lo que llegará en 2018 será muy bueno, porque mi triunfo en el Tour Europeo en junio pasado me hizo ver que “sí se puede”, que es el lema que he utilizado luego de aquella experiencia.

¿Después de ganar sentiste que podías volver a ser aquel Pigu metido de lleno en la elite del golf?
Luego de tantos años sin triunfos, cuando jugué el Open de Francia la semana siguiente al torneo de Munich entendí que podía ganar de nuevo, pero tal vez me vi un poco superado por la ansiedad y la presión. Pasó que todo lo que viví a nivel mental en Alemania resultó muy intenso, así que en Francia me relajé de más. Pero después, en los certámenes siguientes volví a palpar esa sensación de que podía llevarme el título de nuevo, y ya no era solo la simple aspiración de superar el corte, sino algo mucho más importante.

En el último VISA Open en el Jockey Club te perfilabas bien, pero luego retrocediste en el leaderboard y te quedaste con las ganas de llevarte la Copa. ¿A este torneo lo seguís tomando como una cuenta pendiente?
Sí, nunca lo gané y sería mi sueño, ya que es el Abierto de mi país. Sobre todo quise ganarlo esta última vez en San Isidro porque me daba la chance de volver a Carnoustie después de aquel recuerdo tan especial de 2007, cuando estuve muy cerca de alzar la Jarra de Plata y terminé tercero. Pero cada vez que juego nuestro Abierto me concentro muchísimo; este último año quedé muy contento porque pude volver a participar después de mucho tiempo, además de la alegría por el cariño que me brindó el público.

¿Cómo se perfila 2018 en función de tu agenda de torneos? ¿Cómo la armaste en la primera parte del año?
Voy a arrancar en Emiratos Arabes y enseguida enfilaré en febrero para Estados Unidos para formar parte de algunos torneos. Vengo jugando muy bien y, así como gané en Munich, sé que también puedo hacerlo de nuevo en el PGA Tour. Sería un sueño volver a tener la tarjeta de este circuito, más allá de que me encanta Europa, adonde regresaría en mayo. La intención es jugar allí el BMW en Wentworth, Italia, y luego sí apuntarle a Memphis y el US Open, que por supuesto me encantaría. Después, Alemania, Francia, Irlanda y Escocia. Hasta ahí tengo programado el schedule.

Está claro que tus objetivos están puestos en el regreso del PGA Tour, pero al mismo tiempo tenés la tranquilidad de tu tarjeta en el Tour Europeo. ¿Cómo vas a ir equilibrando entre uno y otro circuito?
Sucede que ya estoy muy acostumbrado a formar parte del PGA Tour. Son muchos años en esa gira y conozco todo: qué vuelo tomar, qué día salir… Además tengo mi casa en Houston, con lo que me da mucha ilusión regresar al tour norteamericano y más ahora, que estoy a pleno con mi swing, con mi juego. Me siento muy cómodo y creo que puedo hacer grandes cosas en el PGA Tour si es que vuelvo.

Siempre tuviste aspiraciones máximas, como adjudicarte un Major, y de hecho estuviste muy cerca de obtenerlo hace once años. Pero… ¿cuál puede ser una meta posible de lograr en 2018?
La meta de 2018 es, ante todo, recuperar la tarjeta del PGA Tour y jugar lo mejor posible. Obviamente que si consigo este objetivo me encantaría entrar en la FedEx Cup y llegar a la última etapa para jugar todos los Majors en 2019. Y si no se me da en Estados Unidos, trataré de enfocarme en el Tour Europeo hasta fin de año. Por supuesto: ¿A quién no le gustaría ganar un Major? Pero tiempo al tiempo. Está claro que no me quiero retirar sin ganar un torneo grande.

¿Qué aspectos del juego deberías corregir de manera urgente para alcanzar más solidez?
Quizás no debería cambiar nada y sí practicar mucho más de lo que lo hice en 2017. Cansarme de tirar pelotas porque ahí vienen los buenos resultados. En la medida que se consolide el swing, los scores llegarán solos. Es cuestión de trabajar en el swing, en el físico, en el aspecto mental, pero más que nada en el juego: que la bola salga para donde uno quiere.

¿Cómo está tu vida fuera de una cancha de golf, entre familia, amigos y momentos de ocio?
La vida en Tucumán me gusta y se la extraña, pero al momento de viajar, como lo hice en el segundo semestre de 2017 -cuando estuve jugando nueve semanas seguidas-, pierdo mucho el contacto con los amigos y con las cosas cotidianas. Pero ése es el esfuerzo que hay que hacer para llegar adonde uno aspira y se plantea.

En líneas generales: ¿cómo ves al golf amateur y profesional argentino en general?
Me sorprendieron las caras nuevas en el 112º VISA Open, sobre todo varios amateurs que jugaron bárbaro el Abierto. Por ejemplo, me tocó compartir el grupo el sábado con Andrés Gallegos, que lo hizo muy pero muy bien. Aunque también es cierto que deberíamos tener más torneos de golf por los antecedentes de nuestro país: Argentina ganó Majors con Roberto De Vicenzo y Ángel Cabrera y varios de nosotros jugamos en el PGA Tour y el Tour Europeo. Nuestro Abierto es un torneazo, pero puede ser mucho mejor, siempre lo digo. Es cuestión de insistir y trabajar para que el golf argentino crezca. Lo puedo decir como organizador y sé lo difícil que es todo el armado de un torneo.

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