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La búsqueda de la perfección (accesible)

Tratar de controlar las malezas y otras plagas en todas las áreas de un campo de golf puede resultar tremendamente costoso. Los superintendentes deben priorizar las superficies de juego que más importan. Por Paul Jacobs. USGA Green Section Record, diciembre 2019.

Al gastar menos dinero en el control de plagas en el rough, se pueden concentrar más los recursos en las áreas donde se juegan la mayoría de los tiros de golf.

Mucha gente en el mundo del golf cree que las condiciones de juego “perfectas” incluyen un césped denso, uniforme y sin malezas. Sin embargo, es posible que no se den cuenta de que la búsqueda de esa «perfección» puede resultar tremendamente costosa. Tratar de controlar completamente todas las plagas, independientemente de su impacto en la jugabilidad, simplemente no es accesible para la gran mayoría de los campos de golf. Como resultado, los superintendentes enfocan sus esfuerzos de control de plagas en las áreas y problemas que más importan.

Las plagas en los campos de golf vienen en todas las formas y tamaños. Algunas plagas, como las enfermedades del césped y los nematodos, son microscópicas. Otras, como los insectos y las malezas, se pueden identificar fácilmente a simple vista. Independientemente del tamaño, algunas plagas pueden tener un impacto serio en la jugabilidad y deben ser manejadas, mientras que otras pueden no valer el costo o el tiempo de controlarlas porque tienen poco impacto en la jugabilidad.

Cuando los superintendentes desarrollan planes de manejo de plagas, deben equilibrar qué tan problemática puede ser una plaga respecto a cuánto cuesta controlarla. Algunas plagas pueden ser muy costosas de controlar y, como resultado, los esfuerzos de control deben limitarse a áreas clave, como los greens. Un ejemplo de esto es el control de dollar spot. Los fungicidas en general son muy costosos, limitando generalmente su uso al área relativamente pequeña de los greens. Otras plagas, como las malezas de hoja ancha, son relativamente sencillas y accesibles de controlar. No es sorprendente que las plagas que son más difíciles de controlar suelen ser las más caras de controlar.

Los fungicidas son muy costosos, limitando generalmente su uso a los greens.

Una de las superficies más grandes que la mayoría de los superintendentes tratan contra las plagas son los fairways. En general los campos de golf tienen entre 8 y 15 hectáreas de fairway. El tratamiento de superficies tan grandes puede ser costoso, por lo que los superintendentes solo aplicarán productos de bajo costo en todas estas zonas, mientras que productos más costosos son usados en aplicaciones puntuales. Como es de imaginar, las aplicaciones puntuales llevan mucho tiempo y es fácil pasar por alto sectores mientras se buscan plagas en 15 hectáreas de fairway.

En algunos casos, las plagas no se tratarán por tener un impacto bajo en la jugabilidad. Un buen ejemplo es el rough, donde las malezas y los insectos no se pueden tratar con tanta intensidad. Al gastar menos dinero en el control de plagas en el rough, se pueden concentrar más los recursos en las áreas donde se juegan la mayoría de los tiros de golf.

Por lo tanto, la próxima vez que esté jugando al golf y vea un “lechugón» en la cara de un búnker o un trébol en el rough, recuerde que los recursos se están asignando primero en las áreas de alta prioridad para evitar que las mismas plagas, o incluso más dañinas, afecten la jugabilidad en los sectores que más importan.

Paul Jacobs es agrónomo de la USGA, Región Noreste.

Traducción Guillermo Busso.

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