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Las canchas de golf y sus árboles

Por el Sr. Carlos Thays

CONSIDERACIONES GENERALES

Las primitivas canchas de golf creadas en Escocia y llamadas “links” estaban desprovistas de árboles en razón del factor limitante que para su desarrollo significaba el estar ubicadas en la costa del mar, estando complementado el paisaje marino por dunas cubiertas en mayor o menor grado por pastos dunícolas. Las dificultades y castigos en el desarrollo del juego estaba constituido por el movimiento natural del terreno y por la presencia de gran cantidad de bunkers de arena. En razón de la popularidad que fue tomando el juego, el inicio de una verdadera arquitectura en la construcción de las canchas comienza a fines del siglo pasado, cuando alejándose del mar, se aprovecha para su diseño el ondulante, suave y movido paisaje inglés salpicado por algunos árboles y arbustos.

Hoy día, la arquitectura que debe observarse en la construcción de una cancha de golf, se reconoce como un verdadero arte en si mismo. Son muchos los factores y elementos naturales y artificiales que se deben de tener en cuenta en su creación: imaginación, creatividad, conocimiento del juego, tecnología, funcionalidad, paisaje del entorno, movimientos del terreno, espejos de agua y como elemento principal en la creación de su propio paisaje, el árbol. Básicamente belleza, funcionalidad y conveniente adaptación a las características del clima y suelo del lugar, son las tres condiciones que se deben tener en cuenta para la elección de las distintas especies arbóreas que conformarán la parquización de la cancha. La belleza estará dada por los valores ornamentales que brindan las distintas especies que se elijan tales como sus flores y colorido de sus follajes en las distintas épocas del año, textura de su hojas, color de los troncos y ramezones y, forma, volumen y movimiento de sus fustes. La funcionalidad deberá estar en relación a los distintos objetivos que según sea el lugar que ocupen en la cancha deberán cumplir, tales como encauzar la dirección de los tiros, separar o delimitar fairways en lugares estratégicamente elegidos, proteger lugares de posibles tiros desviados, dificultar, penalizar, ayudar al cálculo de distancias, facilitar la visualización de pelotas en vuelo, proyectar sombra fresca en eventuales lugares de espera, reparo de vientos, obstruir la visualización de construcciones propias o vecinas que puedan constituir una agresión al paisaje, enmarcar, complementar, realzar o aislar determinados sectores, etc. etc..

La tercera condición a tener en cuenta en la elección de las distintas especies es la satisfactoria adaptación al medio donde se construirá la cancha, constituyendo el clima y el suelo factores limitantes muy importantes a considerar. Valga de ejemplo el pretender lograr árboles de vistosas flores como el jacarandá, palo borracho, ibirá-pitá, timbó, lapacho, etc. en lugares desprotegidos donde se registran frecuentes y fuertes heladas o como esperar el buen desarrollo de algunas especies coníferas en suelos arcillosos con mal drenaje. Esos errores ocasional pérdidas valiosas de tiempo y dinero. Los distintos hoyos de una cancha, además de las características impuestas por el juego en lo que a distancia, trazado y dificultades se refiere, deben tener su propia personalidad que estará dada por los valores estéticos y funcionales de las diferentes especies que de alguna manera lo enmarcan en su recorrido. Es común observar en muchas de nuestras canchas de golf que los marcos arbóreos que delimitan los fairways son repetitivos en su composición conformando un paisaje monótono y sin gracia máxime cuando esos marcos están integrados con especies perennes. Cuando se conforma un grupo en lugares claves para el juego o de igual forma cuando se trate de ubicar estratégicamente un ejemplar aislado, no deberán utilizarse árboles de corta vida, o de fustes que se deforman y desvalorizan con el correr de los años, o que se desgajan fácilmente ante vientos de tormentas o susceptibles de ser atacados por enfermedades que no tienen cura. Para esos casos se deberán elegir ejemplares de fuste adecuado a las necesidades, longevos y resistentes a enfermedades. Se debe evitar la utilización, en determinados lugares del fairway y especialmente en las proximidades de los greens, de árboles latifoliados caducos de hoja grande y/o textura coríacea (catalpas, plátanos, robles americanos, etc.) ó aquellos que la defoliación otoñal se prolonga mucho tiempo.

Los álamos y especialmente el plateado debe emplearse con mucha prudencia ya que por el colorido blanquecino del envés de sus hojas dificulta el encontrar las pelotas en la superficie de considerable extensión ya que por la conformación y liviandad de sus láminas foliares son dispersadas aún ante el registro de suaves vientos. Con el fin de procurar mantener la cancha limpia de hojas en la estación otoñal, es costumbre emplear caso con exclusividad especies perennes especialmente coníferas (cedros, cipreses, pinos, juníperos, chamaecyparis, abetos, piceas, araucarias, thojas) cumplimentadas con lataifoliados de hoja persistente tales como casuarinas, alcanfores, olivos, encinas, eucalyptus, magnolias, etc.. Debe hacer notar que las coníferas y latifoliadas perennes en general, salvo raras excepciones, son plantas estáticas en lo que a su aspecto estético incumbe toda vez que mantienen igual fuste y colorido durante todo el año. Las especies caducas, por el contrario, son dinámicas y en mayor o menor grado con follajes de colorido y textura cambiantes según las distintas estaciones e inclusive en la época en que están desprovistas de sus hojas, las ramazones de algunas especies brindan acentuados efectos decorativos (fresno dorado, mimbres, olmos, cipreses calvo, tilos, etc.). El empleo de árboles de hoja caduca en una cancha de golf no debe constituir un factor limitante de su uso pensando que la desfoliación otoñal puede causar inconvenientes complicados de afrontar. Es muy breve ese período comparándolo con el resto del año en donde su presencia brinda cambiantes y marcados efectos decorativos.

Eligiendo especies apropiadas para ser plantadas en lugares criteriosamente elegidos, aquellos inconvenientes pasan casi desapercibidos, agregado a ello la existencia hoy día de máquinas aspiradoras de hojas que realizan un excelente trabajo de limpieza. En las distintas alternativas que pueden presentarse en la plantación de una cancha de golf, se deberán tener en cuenta algunos de los aspectos que a continuación se señalan: – Cuando el grupo es integrado por árboles de copa de la misma especie, la distancia entre ellos podrá variar entre 5 y 10 metros según sea el efectos que se pretende lograr al cabo de los años y la especie de que se trata. – Cuando el grupo está compuesto con especies diferentes, la distancia entre ellos deberá ser la suficiente como para que cada uno de los ejemplares que lo componen mantenga sus valores ornamentales propios evitando que se vean desvirtuados entre sí por plantarlos demasiado cerca unos de otros. El impacto visual es mucho más acentuado en grupos integrados por una misma especie que en aquellos conformados con especies diferentes, razón por la cual la alternancia de ellos deberá estar equilibrada y guardando armonías en sus ubicaciones. – Se debe evitar conformar grupos vecinos con follajes o fustes parecidos siendo conveniente separarlos con otro que presente un acentuado contraste de textura, colorido o hábito de su follaje (caducos o perennes). De igual manera es aconsejable proceder en la composición de grupos integrados por diferentes especies. – No se deben plantar los grupos que delimitan los fairways sin solución de continuidad ya que esa práctica hace que el trazado del hoyo quede como n corredor con la consiguiente sensación de encierro y sin vistas o perspectivas laterales hacia otros sectores de la cancha.

Los espacios libres entre grupos son indispensables y necesarios ya que ellos contribuirán a aflojar y profundizar la percepción del paisaje en cambiantes profundidades. – Se deberá procurar que los grupos no queden en línea ni tengan iguales volúmenes. – No se deberá plantar en las proximidades de los greens o tees de salida árboles cuyas raíces o conos de sombra puedan atentar con el buen estado de mantenimiento. – No se deberá utilizar árboles ramificados desde la base del tronco en lugares estratégicos, siendo muy común el caso de observar, por esa causa, plantas de fustes deformados como consecuencia de la poda practicada por no haber elegido oportunamente la especie adecuada al lugar. – Se deberá evitar el hacer grupos de cipreses piramidalis próximos al vuelo de las pelotas toda vez que por la conformación vertical de su ramazón quedan con mucha frecuencia atrapadas en ellas. – El empleo de arbustos en los fairways debe obedecer a razones muy especiales del diseño toda vez que su presencia queda como fuera de escala y además dificultan el corte del césped. Ellos podrían emplearse para enmarcar tees de salida o el putting green o en algún otro lugar donde por distintos motivos fuere necesario utilizarlos. – Cuando una cancha de golf se programa hacerla dentro de un paisaje natural que desde luego se deberá adecuar al trazado del proyecto, las plantaciones complementarias que sean necesario realizar no deberán agredirlo con la utilización de especies exóticas que desarmonicen; se deberá emplear en la mayor medida de lo posible especies indígenas presentes en el lugar complementando lo necesario con otras que tengan afinidad varietal o estética con la flora existente. El programar la plantación de una cancha de golf no implica pretender crear un arboretum. El empleo exagerado de especies diferentes, y sobre todo cuando ellas están mal agrupadas o combinadas, llama la atención por la confusión y no por los efectos estéticos que se logran como cuando se procede racionalmente. Con pocas especies convenientemente elegidas, que se adapten bien a las características del clima y suelo del lugar y criteriosamente plantadas y agrupadas, se lograrán buenos y rápidos resultados no tan solo desde el punto de vista ornamental sino también con el relacionado a un buen desarrollo y crecimiento.

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