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Las imperfecciones del golf magnificadas por problemas en los greens en el PGA

Por James Achenbach – PGA Championship review – Golfweek, Agosto 19, 1995

GOLF, el deporte de la gente apacible, en general ha sido un deporte sin disputas o controversias. El mundo podrá altercar y gritar, luchar y pelear, pero el golf continúa siendo un deporte de paz. No tiene nada de las pequeñeces de algunos deportes o la violencia de otros. Además, los golfistas se controlan ellos mismos y la cárcel de los golfistas es un edificio aún por construir. De manera que es éste el deporte perfecto, no? Según lo demostrado claramente acá en la PGA, la respuesta es no. Ni ahora ni en el futuro cercano. De forma alguna el golf de primera línea se acerca tranquilamente hacia el siglo 21. Más bien va a los saltos, tal como una pelota que corre entre las marcas de clavos de zapatos en un campo minado que pretendieron ser greens, en el Riviera C.C.

En muy pocas oportunidades una cancha rebaja a los golfistas, pero no cabe duda de que ocurrió en el Campeonato de la PGA. Podría haber sido el título de una mala película -El Día que los Greens Murieron- salvo que se trató de un drama de la vida real. Y éste no era el Abierto de Cuchulito sino, se trataba del último campeonato mayor del año (1995). Los greens en el Riviera, plantados en 1993 con bentgrass Crenshaw, jamás crecieron adecuadamente. Regados con mucho cuidado pero pisados marcadamente por una masa societaria muy activa, permanecieron blandos y desparejos y sujetos a múltiples marcas de clavos. «Están aún muy blandos, muy débiles y no como deberían estar», nos explicó Ben Crenshaw, a cargo del proyecto y cuyo apellido lleva el pasto. «Como resultado del tránsito, están muy tiernos y creo que han de reflejar bastante el rigor del juego. Y por tal motivo deberán permanecer bastante blandos.

En la medida que se les quitó agua en un esfuerzo por endurecer las superficies de putting del Campeonato PGA, los greens comenzaron a parecer pacientes en terapia intensiva. Cuando los doctores del césped no encontraban remedio, los greens continuaron de mal en peor. Parecieron tornarse azul y luego marrón. En todo este tiempo, las marcas de los clavos aparecieron, pareciéndose a la piel de gallina sobre el físico de lo que había llegado a ser una de las más celebradas canchas de América. Tom Kite sugirió que el riego de los greens fuera suspendido. Admitiendo que morirían, los calificó de «medio muertos de todos modos». Luego, agregó que podrán ser cavados la mañana del lunes (el día después del torneo).

Peter Jacobsen los calificó «peor que una cancha pública», pero, como Kite tuvo cuidado de no «criticar demasiado con palabras feas» una de sus canchas favoritas. «Estaba seriamente despareja» dijo Nick Faldo. «Los greens estaban muy pelados» agregó Brad Faxon. «Queda muy poco césped. Los compadezco después de esta semana, porque no se qué va a quedar en ellos». Respuestas a estas especulaciones: poco o nada. El equipo (moderno) y las pelotas nos están obligando a proteger las grandes y antiguas canchas», agrega Nicklaus. A muchas de ellas ya no se les puede alargar más, así que la protección surge en los greens. Los greens en Riviera tienen que ser firmes y rápidos. Si no es así la cancha está indefensa». Y así pasó. Como resultado, las pizarras volantes eran un baño de sangre de números rojos. La pregunta obvia: ¿Por qué? Y una respuesta igualmente obvia: Los nuevos greens luchando por sus vidas los últimos dos años, finalmente perdieron la batalla.

No se los podía endurecer porque carecían de base, nada de sistema radicular. «En el estrato superior del suelo» agregó Ben Crenshaw quien cuestionó la mezcla de suelos prescripta por la U.S.G.A. «no hay nada en crecimiento». Las plantas no son lo suficientemente densas. El (superintendente de Riviera, Bill Baker) no los puede preparar como él quisiera». Cortarlos y dejarlos sin agua -la prescripción común para endurecerlos- no hizo más que apurar su extinción. Aunque se endurecieron en alguna medida. Los green permanecieron blandos y lentos según los estandáres de los campeonatos mayores. Si los greens pudieran hablar, su himno hubiera sido: «Auch». «El problema es -dijo Nicklaus- que no tiene vida». Riviera no es un ejemplo aislado de lo que ocurre cuando los clubs deciden renovar el césped de sus canchas.

El Congressional C.C., sede este verano del Abierto de Veteranos de los EEUU, gastaron una presunta suma de 1,8 millones de dólares por unos desilucionantes nuevos greens que no maduraron. Si bien el mal tiempo frenó su crecimiento, es evidente que reconstruir y lograr césped en viejos greens no es un trabajo fácil. «Casi tenemos demasiado conocimiento», analizó Nicklaus. «Construimos maravillosos greens nuevos para nuestras canchas viejas, y luego damos por seguro que podemos hacer lo mismo con las canchas viejas. Pero no es lo mismo. Básicamente, tomaban una vieja cancha (Riviera) y trataron de convertirla en una cancha nueva. No sé cuan destruida estaba». Lo que resulta otra forma de decir: «Si no está destruida no necesita arreglar. Los socios en Congressional, también sede del Abierto de los EEUU, en 1997, pensaron destruir los greens nuevamente y empezar de nuevo.

Pero finalmente decidieron trabajar en los greens en el estado actual. Riviera, mientras tanto, está considerando qué hacer de ahora en más. Rehacer los greens es poco simpático para los socios de los clubs privados porque los obliga a jugar con greens temporarios durante bastante tiempo. La situación en Riviera y Congressional a pesar de su similitud, es distinta porque Riviera empanó sus nuevos greens mientras que Confressional comenzó desde la semilla. El sistema preferido es sembrar pero aun esto no garantiza éxito. A través de América comenzó el cambio. Augusta National cambió del Bermudagrass más lento al más rápido bentgrass, pero el club está cerrado en verano lo que permita cuidar mejor el césped. Todo el mundo, parece ser, quiere greens más rápidos. «Los greens en Augusta National no fueron diseñados para ese tipo de césped» insistió Gary Player.

Tienen demasiados declives y ondulaciones. Cuando se los hace tan rápidos se convierten en injustos». «Es la única forma de proteger la cancha» contestó Nicklaus. «Si retornamos a la década del 60, lo que considerábamos greens rápidos hoy son lentos. Todos hablan de lo rápidos que estaban los green en Oakmont en el ’62 (donde ganó su primer campeonato mayor como profesional, el Abierto de los EEUU), pero vuelvo a mirar la película y -Wham- parecen golpes de un hierro 7 en la forma que estamos pegando los putts. Los jugadores cada vez son más grandes y más fuertes. Están siguiendo cursos de ejercicios y concentrándose en la flexibilidad. Están jugando mejor durante períodos más largos. Las estadísticas pueden demostrar que los profesionales de la Gira hoy en día están aterrizando en el mismo número de greens como sus niveles de otros tiempos, pero la mejor medida de los pegadores contemporáneos puede ser su sorprendente éxito en los par 5 (para los que las estadísticas están incompletas). Los jugadores de hoy llegan en dos en los par 5 en una extraordinaria cantidad de veces. En las primeras tres vueltas de este Campeonato PGA, Ernie Els hizo birdie o águila todos los par 5. Hizo siete birdies y dos águilas. Els bajo el par esos nueve hoyos. Hace rato que Nicklaus viene proponiendo que se juegue una pelota más lenta en las Giras mundiales de los profesionales.

Su sugerencia ha sido desoída. De manera que las canchas continúan modificando o fortaleciendo sus greens en defensa propia. A veces suele tener éxito a veces no. Riviera vive y muere según la rapidez de sus greens y en este Campeonato PGA murió. Sea de ello lo que fuere, Jim Awtrey, director ejecutivo de la PGA de América, no ondeaba una bandera blanca. «Los green hubieran estado muy buenos si todo hubiera ocurrido como se lo esperaba» dijo. «Pero el golf es un juego a la intemperie y uno nunca sabe qué puede pasar». A pesar de la controversia sobre los greens que dejó un gusto amargo en el PGA de este año, Awtrey ya está esperando con ansiedad sobre el evento del año que viene en el Valhalla G.C. en Louisville, Ky. El Campeonato ha vendido casi todas las entradas en todas las categorías, y la cancha es, según Awtrey «casi perfecta». Después de un año que los greens se volvieron marrones, la PGA necesita esa buena suerte.

Traducción: Sr. Gustavo Leguizamón.

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