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Los monstruos de Manchester

por Gary A. Watschke – Agrónomo, Región noreste, Green Section de la USGA.(septiembre, octubre 1986)

LOS ÁRBOLES HAN arruinado, probablemente, más hoyos buenos de golf y césped que cualquier otro problema de una cancha de golf. ¿Está de acuerdo con esto? Después de todo, los árboles juegan un papel predominante en la mayoría de las canchas de golf de Estados Unidos. Le brindan definición y carácter a ciertas canchas de golf al proteger doglegs o greens, al crear tiros, al dirigir líneas de juego, al definir áreas objetivo y al proteger un hoyo del otro. Si los árboles fueron seleccionados adecuadamente, le agregarán belleza a la cancha durante la primavera, verano y otoño. Pueden diferir en forma, tamaño y textura, y sus cambios estacionales brindan cualidades estéticas que son muchas veces subliminales y algunas veces impresionantes. Uno generalmente escucha todas estas cosas de los defensores de los árboles. Pocas veces se escuchan palabras desalentadoras. Pero así como los árboles son importantes para la cancha de golf y para el juego, también son muchas veces la fuente de problemas graves. Pueden afectar la forma en que se juega un hoyo al igual que la calidad del césped. Los efectos a largo plazo de un comité entusiasta del embellecimiento de la cancha (el cual generalmente implica un programa de plantación de árboles) por lo general no puede verse hasta que los árboles no maduren. Entonces, con los árboles ya establecidos, debe necesitarse una intervención del Congreso para que se saquen árboles que han estado en una cancha de golf “por siempre”. Desde el punto de vista del diseño, la mayoría de los árboles son suficientemente inofensivos hasta que crecen, y sus ramas sobresalientes limitan el uso de un tee o impiden un tiro de approach normal para alcanzar el green, porque lo que se colocó supuestamente para agregar carácter se convirtió en una formidable obstrucción. A medida que crece, puede alterar la vista de un bunker estratégico. Si se lo plantó entre un bunker y un green, puede crear una situación conocida como doble riesgo. Ninguno de los casos anteriores es el resultado planeado de un comité de embellecimiento o de nadie más, pero pueden encontrarse fácilmente. A pesar de como pueden afectar los árboles al juego, su impacto principal es, tal vez, como pueden afectar la fisiología del césped.

Los árboles pueden golpear al césped desde tres ángulos. Los efectos negativos se pueden deber a 1) demasiada sombra, 2) circulación de aire reducida, 3) competencia radicular. El encargado del césped puede lidiar con uno o dos efectos negativos, pero de darse los tres a la vez, su césped está fuera de competencia. Cuando hay demasiada sombra se producen cambios fisiológicos dentro de la planta de césped que dan como resultado un deterioro general en el vigor y resistencia del pasto. Una estructura delicada y un crecimiento suculento son características comunes de un césped sombreado. También muestran una tolerancia reducida a la sequía, calor, frío y uso. Plantar demasiados árboles también puede causar una reducción significativa de la circulación de aire sobre el césped. Si bien un incremento en los niveles de dióxido de carbono puede ser una ventaja en esta situación, tiene la desventaja de aumentar la humedad relativa, el punto de rocío y las temperaturas. Las enfermedades se desarrollan más cuando el pasto débil y suculento es sometido a estas condiciones ambientales que trabajan a favor del patógeno. Este problema aparece generalmente alrededor de greens y tees donde la plantación de árboles puede causar un congestionamiento y el pasto es cortado a su límite más bajo. Si bien la competencia radicular es generalmente sutil, es igualmente perjudicial para el crecimiento del pasto saludable. Los árboles de raíces poco profundas son competidores feroces del agua y nutrientes disponibles para el bienestar del pasto. Los sauces, álamos, arce plateado y pinos blancos muestran características de raíz poco profunda y muchas veces crecen cerca de greens y tees. Cuando son importantes para el esquema general de las cosas, los árboles deben mantenerse y sus raíces deben recortarse periódicamente. Si el árbol no es importante, lo mejor que se puede hacer es sacarlo.

El presidente del comité de cancha,Robert Dunn.

“En el otoño de 1984, el comité de cancha y el superintendente de la cancha de golf seleccionaron 50 árboles que habrían de cortarse durante el invierno. Los árboles que bordeaban el fairway estaban extendiendo sus ramas de tal forma que los tiros desde el tee se estaban convirtiendo en algo más que un desafío en algunos hoyos. Hasta este punto, solo un puñado de árboles habían sido removidos por motivos golfísticos desde que el club se fundó, en 1923. Los árboles eran más que sagrados por lo que la poda de 1984 fue criticada. La mayoría de los socios consideraban que estábamos cambiando considerablemente el diseño de Donald Ross buscando algo que era menos de lo que se quería. Nuestra única respuesta fue que cuando la cancha se construyó, el número y altura de los árboles no era problema. De hecho, luego de volver a ver las viejas fotos de la cancha, pudimos observar cómo el tiempo había cambiado la población de árboles. En tiempos recientes, la reputación del club se basaba en sus magníficos árboles más que en las condiciones de juego. Ahora creemos, y estamos convencidos, que Donald Ross no quería que permitiéramos un gran crecimiento de árboles sino más bien que le diéramos prioridad al pasto. A medida que la muerte invernal de césped empeoraba año tras año en algunos fairways y greens, el comité de cancha decidió asumir una postura en la primavera de 1985. Las visitas in situ del arquitecto de canchas de golf Philip Wogan, el Dr. John Roberts de la Universidad de New Hampshire y el agrónomo de la USGA Gary Watschke, brindaron información importante que fue presentada a la comisión directiva.

El informe decía que la solución para que el pasto creciera radicaba en cortar 1.200 árboles o más. La comisión directiva la rechazó. En la próxima reunión de la comisión, el comité de cancha tenía las palabras mágicas  el agrónomo de la USGA Gary Watschke y el forestador Tom Ryan, de Monadnock Forest Products, seleccionarían los árboles que iban a cortarse o podarse. Estos dos profesionales se complementarían mutuamente en la parte laboral y el club recibiría el mejor resultado bajo este enfoque. La comisión directiva aceptó. Puesto que los socios no son los dueños del club, Jack Cullity, nuestro presidente, debía obtener el permiso de los dueños antes de poner en marcha el proyecto. Los dueños estuvieron de acuerdo así que se llamó a Tom y a Gary para que encontraran un momento adecuado en el otoño de 1985 para seleccionar los árboles que se iban a talar. A mediados de septiembre se dedicaron dos días enteros a esto con la ayuda de un miembro del comité de cancha, Tom O’Neil, y el superintendente Diorio. El presidente y yo mismo acudimos. Cada árbol seleccionado fue rociado con un aerosol amarillo dejando una marca del tamaño de una manzana para que fuera identificado sin problemas durante el invierno. La fecha exacta de la tala fue fijada para fines de diciembre o en enero, dependiendo de las condiciones del césped. La gran maquinaría que habría de ingresar y la cantidad de árboles que iban a caer hacían imperativo que el suelo estuviera congelado. Si estuviera cubierto de nieve mejor. Los trabajos comenzaron la segunda semana de enero y continuaron hasta el 18 de febrero de 1986. Nuestro superintendente estuvo presente durante todo el proceso, asegurándose de que todo fuera realizado correctamente. La leña de los árboles caídos representaban unos 270.000 pies, generando un ingreso de unos 15.000 dólares al club. Los dueños habían acordado que este dinero iba a utilizarse para retirar los tocones de los árboles y para rediseñar el paisaje con plantas más adecuadas. Ahora que la parte más difícil de este proyecto quedó atrás podemos respirar con alivio y aspirar a jugar al golf en condiciones más favorables. Sabemos que para muchos los cambios no son totalmente de su agrado. El tiempo dirá si la solución fue la correcta, pero estamos convencidos de que se respetaron los intereses de todos los miembros y eso nos dio la fuerza para actuar. En 1987, luego de un año de crecimiento y desarrollo en este nuevo ambiente, creemos que obtuvimos la calidad de cancha que los socios buscaban.

El superintendente, Jim Diorio.

“Como lo indicara el Sr. Dunn, hemos llevado a cabo un vasto programa de corte de árboles en nuestro club, cortando casi 1.200 árboles. La mayoría eran pinos blancos que tenían un tamaño o diámetro de entre 5 y 8 pulgadas. También cortamos muchos arces rojos, robles rojos y robles blancos. Se vendió una cantidad importante de leña a una maderera, y aproximadamente 650 yardas cúbicas de pequeños cortes,que representaban copas no utilizables y árboles demasiado chicos para pasar por un astillero, también fueron sacados. Limpiamos las ramas y copas que se habían roto con la caída de otros árboles. El llevar adelante un programa tan extensivo y el realizar un cambio tan importante en la personalidad de la cancha era algo que no podía hacer solo. La Green Section de la USGA y Monadnock Forestry Products me brindaron la ayuda profesional necesaria para alcanzar los objetivos que la mayoría de los socios buscaban. Hombres pertenecientes a estas organizaciones, conjuntamente con directivos del club, trabajaron a la par mía para que todos pudiéramos entender los por qué y para qué de lo que estaba sucediendo. Nuestro principal objetivo era retirar aquellos árboles que estaban entorpeciendo nuestros esfuerzos para producir césped de calidad. Algunos de los árboles que talamos estaban a unos 15 pies de los greens y dentro de los 8 pies de algunos tees. Una gran parte de los árboles que sacamos estaban en la parte sur y este de las áreas que tratábamos de mejorar. Muchas de estas áreas problemáticas recibían poco menos de dos horas de luz solar por día. No sólo tratábamos de incrementar la exposición directa al sol, sino que también intentábamos otorgarle mayor circulación de aire al eliminar los círculos cerrados creados por la densidad de los árboles. Quizás los problemas más graves de falta de sol se detectaban en el invierno y principios de la primavera. Durante las heladas de mediados de invierno y principios de primavera, muchas de las áreas problemáticas recibían luz solar suficiente para comenzar a derretir la nieve la cual se congelaría para formar una fina capa de hielo. Año tras año se fueron formando pequeñas capas de hielo en los greens, tees y fairways, algunas veces de hasta 18 pulgadas de espesor. A medida que talábamos los árboles durante el invierno pasado, nos pudimos dar cuenta del tipo de resultado que íbamos a lograr. Al recibir mayor luz solar, la nieve y el hielo se derretían más rápidamente, lo cual reducía considerablemente la cantidad de tiempo que el césped quedaba sometido a este tipo de estrés. De hecho, nuestros greens problemáticos estaban completamente libres de nieve para el 17 de marzo a pesar de que la capa de nieve había alcanzado los 10 milímetros de espesor durante el invierno. Es la primera vez que veo a nuestros greens libres de hielo y nieve tan precozmente en 8 años. La competencia radicular también era bastante severa en ciertas áreas. El recorte de raíces alrededor de áreas críticas tales como los greens y tees se ha convertido en parte de nuestro programa periódico de mantenimiento. Es un proceso relativamente simple que debe repetirse cada tres o cuatro años. Hemos aprendido que los efectos beneficiosos, en pos de un mejor césped, valen el esfuerzo.

Otro de los objetivos de este proyecto era mejorar las zonas forestadas restantes. Desde el punto de vista forestal debíamos:

1. Retirar especies muertas, mal formadas o de crecimiento lento tanto en la copa como en el resto del árbol.

2. Seleccionar árboles superiores y cortarlos alrededor para estimular su crecimiento y producción de semillas.

3. Retirar los árboles maduros que comenzaron a deteriorarse.

4. Recortar los grupos de especies altas y espigadas para estimular su crecimiento y vigor.

El plan y las medidas mencionadas deberían brindar los siguientes resultados a largo plazo:

1. Un grupo de árboles más vigorosos y de mejor crecimiento que no interfieran con el juego o que tengan un efecto negativo sobre el pasto.

2. Mejores condiciones para la regeneración de especies buscadas.

3. Un lugar más seguro para los golfistas (es decir, menor cantidad de ramas muertas que puedan caer de la punta de los árboles). 4. Un bosque más estético y armonioso.

5. Mejor limpieza de la suciedad de los árboles durante la primavera y el otoño. Como era de esperarse, tuvimos que lidiar con una cuantiosa cantidad de restos dejados por los taladores.

El 3 de febrero contratamos a un equipo de 10 hombres para que los limpiaran. Mientras que la nieve permanecía en el suelo, estos hombres juntaron las ramas más grandes, las apilaron y les prendieron fuego. Mientras se quemaban, apilamos las ramas y pedazos más pequeños con la ayuda de nuestro tractor de carga frontal y un Bobcat alquilado. Pudimos realizar esto sin ocasionar daños al césped ya que el hielo y la nieve aún lo cubría. Luego de apilar los pedazos sueltos, trajimos nuestro camión de residuos, cargamos los restos y los llevamos a un sitio aparte. Pudimos limpiar un 75% de los pedazos más pequeños de esta manera. Dejamos de quemar ramas el 7 de marzo cuando la nieve empezó a derretirse. A medida que el hielo y la nieve desaparecían, encontramos que todavía teníamos una cantidad importante de restos. Existía una buena cantidad de madera sobre y alrededor de ocho fairways al igual que en las tres zonas de carga utilizadas por los leñeros para cargar la leña y cortar los desperdicios. El resto de la limpieza se realizó soplando los residuos pequeños en hileras y barriéndolos. Todas las áreas mojadas y blandas requirieron que se les pasara el rastrillo a mano y luego se cargó la madera en pequeños carritos para trasladarlos fuera de la cancha. La mayoría de los socios comprendieron lo que tratábamos de lograr y cuál era nuestro objetivo final. La reacción inicial a la poda fue de sorpresa ante la cantidad de árboles que sacamos, pero también de aceptación de los conocimientos de la gente involucrada en este proyecto

Los monstruos bajo control

La visita de un Servicio de Asesoramiento sobre Césped al Manchester Country Club el 5 de junio de 1985 llevó al club a desarrollar un programa de tala de árboles. Se identificaron debidamente los árboles que iban a sacarse y se explicó las razones por las cuales se los sacaban. En otra visita, a fines de abril de 1986 (seis semanas antes que en 1985) aumentó un 80% la cantidad de pasto sano en comparación a 1985. No hubo discusión sobre el hecho de que controlar a los árboles monstruosos había resultado beneficioso. Obviamente muchos socios estaban sorprendidos ante la magnitud de este proyecto. Sin embargo, casi todos estuvieron de acuerdo luego de inspeccionar las condiciones del pasto a principios de la temporada. Los socios están dichosos con saber que pueden jugar al golf en mejores condiciones muchas semanas antes de que comience la temporada. Desde el punto de vista de un encargado de cancha, el proyecto presentaba varios objetivos:

1. Una mejor exposición a la luz solar permitirá que la nieve y el hielo se derritan más rápidamente. Por ende, se puede reducir en gran medida el daño invernal, lo cual significa que se deberá sembrar menos cantidad de semillas en la primavera para restablecer el pasto.

2. Una mejor exposición a la luz solar hará que el césped en greens y tees tenga raíces más profundas, sea más sano y competitivo.

3. Habrá menor tendencia a marchitarse ya que el pasto estará creciendo a plena luz durante la mayor parte del día. El césped que crece a la sombra durante la mayor parte del día y de repente se encuentra expuesto al fuerte sol de la tarde tiende a marchitarse más rápidamente.

4. Debido a que el pasto es menos suculento se pueden reducir las enfermedades y presiones de insectos. También, como es menos suculento, tolerará mejor el uso.

5. La limpieza de la primavera y el otoño será mucho más fácil ya que habrá menos residuos y mejor acceso.

6. Una cancha de golf más jugable, lo cual implica que los socios estarán más contentos. Queda claro que, hasta cierto punto, se han alcanzado los objetivos.

El club vigilará posibles competencias de otros árboles, y si se encuentra que hay más árboles causando problemas, entonces serán sacados. Ahora se requiere una planificación cuidadosa para volver a armar el paisaje en algunas de las áreas que fueron limpiadas. Organizar la operación desde un plan de plantación bien concebido es esencial puesto que cuando se trata con árboles que pueden llegar a vivir entre 50 y 150 años, la continuidad es imperativa. Se debe prestar atención a la selección de plantas aceptables y a la ubicación de las mismas en una perspectiva adecuada con respecto a tees y greens. James Snow, Director de la Green Section de la región noreste, escribió recientemente, “Los árboles cercanos a los greens deben tener características que no interfieran con el crecimiento del césped. Dichas características incluyen raíces profundas, sombra mínima, suciedad mínima, pequeñas hojas, ramas gruesas y buena resistencia a las plagas. Si bien hay pocos árboles que cumplen con todos los requisitos, el club debe elegir aquellas especies que cumplan con la mayor cantidad de características posibles. Un árbol puede tener raíces profundas, ser fuerte, de larga vida, ser poco sucio pero a la vez causante de una gran sombra. Este árbol puede ser aceptable si se lo coloca de manera que la sombra no caiga sobre la superficie del green hasta el final de la tarde. Las maquinarias modernas pueden tratar el problema de la suciedad de manera eficiente aún cuando el mismo sea un fastidio. La competencia radicular severa puede rectificarse realizando podas radiculares periódicas. Estas prácticas ocasionan mayores gastos y pueden evitarse seleccionando y ubicando adecuadamente a los árboles. Los árboles cercanos a los greens pueden tener cualquier altura pero es preferible que sean especies de ramificaciones altas.

El follaje externo durante la madurez no debe estar a menos de 30 pies del borde del green. Se debe evitar plantar árboles altos y densos en el lado este o sur de los greens (Hemisferio Norte). De hacerlo, se deben espaciar lo suficiente como para permitir que pase la luz del sol durante la mayor parte del día. Los árboles que se planten cerca de los tees deben poseer características algo diferentes de los que se plantan cerca de los greens. Pueden tener ramas más bajas y mayor volumen de hojas. Sin embargo debe existir una proporción directa entre la circulación de aire y exposición a la luz solar y la altura de las ramas que se encuentran sobre el tee. Las especies con raíces profundas son más aconsejables para evitar la competencia y la poda radicular. Los árboles pueden ubicarse más cerca de la parte posterior del tee que de la parte del frente, siempre y cuando haya suficiente espacio para realizar tiros desde todos los puntos del tee. Por la misma razón, se deben evitar ramas bajas en aquellos árboles que estén ubicados en la parte de adelante del green. La luz solar debe llegar al césped durante la mayor parte del día para asegurar un pasto denso, vigoroso y con potencial de recuperación. Cuando están debidamente ubicados, los árboles y los arbustos altos pueden brindar refugios de sombra, perfectos para colocar bancos, desde donde puede apreciarse todo el fairway. Algunos superintendentes de canchas de golf han tenido un entrenamiento especial y una educación formal en paisajismo y son capaces de desarrollar un plan adecuado. Sin embargo, si el club no tiene esa suerte, se aseguran mejores resultados si se consulta a un arquitecto de canchas o a un paisajista con experiencia en canchas de golf. Estos fueron instruidos con los principios de diseño y pueden sacarle el máximo provecho a la cancha. Su costo por servicios es pequeño al promediarlo con el tiempo de vida de las especies que recomiendan.” Los árboles, césped y el golf pueden ser compatibles cuando se le presta atención al diseño, a la selección y a la ubicación de las especies. El Manchester Country Club está desarrollando planes para adornar aquellas áreas donde se hizo una limpieza completa. Se aseguró una adecuada luz, circulación de aire y reducción de competencia radicular alrededor de tees y greens. Las decisiones no se lograron fácilmente, pero el éxito fue de una gran magnitud.

Traducción: Sra. Nora Ventureira
Corrección: Ing. Guillermo Busso

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