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Retorno a lo fundamental en el manejo de las canchas de golf y en su relación con el medio ambiente

Por George B. Manuel, Agronomist, USGA Green SectionTraducido por el Sr. Gustavo Leguizamón y adaptado por el Ing. Guillermo Busso

Mirando hacia adelante en esta década de preocupaciones ambientales y ecológicas, existe la posibilidad que los encargados de canchas experimenten restricciones en la aplicación o disponibilidad de pesticidas. Para prepararse para estas futuras reducciones, existe la necesidad de buscar alternativas que logren pastos más sanos y menos dependientes de los productos químicos. El encargado de cancha exitoso de los años 90 será aquel que logre combinar correctamente, probadas prácticas agronómicas del pasado con parte de la tecnología actual. Un enfoque de “vuelta a lo fundamental” ayudará a enfrentar los desafíos que acechan. Tres de los más importantes factores para mantener un césped sano son: Una correcta nutrición.

Alturas de corte razonables. Y la aireación regular. Con el fin de preparar un buen programa de fertilización, el suelo de los greens, sitios de salida y fairways debe ser analizado anualmente. Para obtener mejores resultados es recomendable trabajar siempre con el mismo laboratorio. Los resultados del laboratorio deben ser examinados detenidamente y comparados con los análisis del año anterior. De esta manera pueden efectuarse ajustes para proporcionar las condiciones óptimas de crecimiento para el césped. Especialmente deberá monitorearse los niveles de potasio y fósforo. El potasio del suelo puede reducirse debido al rápido crecimiento del césped como también por su tendencia a ser lixiviado (filtrado) a través del perfil del suelo. De ello resulta una reducción en el vigor del césped, disminuyendo su tolerancia al stress de todo tipo (tránsito, frío, calor, pestes, etc.).

Para contrarrestar este agotamiento nutricional y mejorar la calidad del césped, muchos superintendentes han optado por aplicar el potasio en una proporción de 1:1 con el nitrógeno de sus greens. Las aplicaciones de potasio deben ser divididas entre varias fuentes distintas. Debido a su bajo índice de sodio y sus efectos acidificantes, el sulfato de potasio se ha convertido en el estandar para el césped. Ello no obstante, la investigación está probando que otras fuentes potásicas también tienen múltiples beneficios para el césped. El cloruro de potasio se considera que previene muy bien las enfermedades. Sin embargo debe cuidarse del potencial de quemado de este material. El nitrato de potasio también tiene sus ventajas. Un bajo índice de sodio hace de él una excelente fuente de potasio. Por otra parte, la investigación en la Universidad Estatal de Michigan indica que los fertilizantes con base de nitrato pueden ser de particular importancia para las canchas que han experimentado problemas de capas negras.

Esa investigación sugiere que los nitratos limitan la acumulación de sulfuro que contribuye a la formación de estas capas. Desde luego que el buen drenaje y la buena irrigación son las claves para inhibir la formación de capas negras, pero el nitrato de potasio es otra arma que se puede agregar al arsenal para combatir esta condición tan común. Finalmente, cuando las semillas de algunas especies de pastos (tales como Búfalo Grass) es tratado con nitrato de potasio antes de sembrarlo, se puede esperar un significativo incremento en la germinación. Si bien el mayor uso del potasio ha tenido muy buena respuesta en los últimos años, lo opuesto ha ocurrido con el fósforo. Para muchos superintendentes, la mera mención del fósforo se asocia con la temida Poa annua. Pero esa no debe ser la única consideración. Con el advenimiento de frecuentes y livianos topdressings, una pulgada adicional de arena y materia orgánica puede agregarse al perfil del suelo cada dos años. La mayoría de las arenas utilizadas con éste propósito son prácticamente estériles y contienen muy poco fósforo. Con este criterio es muy fácil notar que en un lapso muy reducido las pulgadas superiores del perfil podrían carecer de fósforo.

En tales casos, aplicaciones livianas y foliares de fósforo suelen a veces producir una respuesta favorable del césped, aunque los análisis de suelo puedan indicar niveles adecuados de fósforo. Generalmente tres o cuatro aplicaciones de fosfato monoamónico (14-61-0) a razón de 125 gr./100 m2 de P2O5 (465 gr./100 m2 de producto) han de beneficiar el césped tanto arriba como abajo de la superficie. Para un análisis más exacto de fósforo disponible en la zona radicular, como también de otros nutrientes la muestra debe ser tomada de las dos primeras pulgadas del perfil.

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