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Valeria trabaja en la cancha

Conocimos a Valeria Zarate, que desde hace cuatro años trabaja en el cuidado del campo del Golf Club Puerto Belgrano. Usando la pala, arriba de las máquinas o cambiando los hoyos, ella es parte del cambio que las mujeres reclaman en la sociedad.

Por Martin D’Adamo. A poco de festejar los 80 años de su fundación, el Golf Club Puerto Belgrano, ubicado en la Base Naval que lleva el mismo nombre, muy cerca de la Ciudad de Bahía Blanca, cuenta con una historia distinta, diferente. El hecho de que el Maestro Roberto De Vicenzo haya diseñado parte de la cancha ya lo destaca en el mapa del golf argentino. Sin embargo, es otra la razón por la que el club es parte de esta nota. Esa razón tiene un nombre propio, Valeria Zarate, quien desde hace ya un tiempo trabaja en la cancha contra viento y marea, dignificando el rol de la mujer en el golf, también en esta área.

A partir de las 7 de cada mañana y después de probar algunos mates, Valeria se pone a trabajar codo a codo con sus compañeros y bajo las órdenes del encargado de cancha Walter Cácere, para que Golf Club Puerto Belgrano esté en excelentes condiciones y sea uno de los mejores exponentes de la Federación Regional de Golf del Sur. Después de su faena diaria, se apresta a contarnos su historia, y estos nos dice.

“En la cancha estoy hace cuatro años. Yo soy técnica agrónoma y antes de eso era policía. Cuando me enteré que tomaban gente en el club no lo dudé, me presenté a rendir el examen junto a un montón de personas. Al comienzo no les gustaba mucho la idea de que me sume porque la mayoría eran trabajos de mucha exigencia física, había dudas, pero hoy ya es algo natural. Siempre me gustó todo lo relacionado a la agronomía porque estudié en una escuela de campo, pero en tema golf no sabía absolutamente nada porque en mi vida había jugado, no tenía idea, hasta que me empezó a gustar y me acomodé”.

¿Cómo es la rutina de trabajo?
Trabajo desde las 7 de la mañana hasta las 14, ese es el horario habitual aunque cuando hay algún torneo importante hacemos mayormente trabajos de tarde. En invierno siempre tenemos que esperar un rato a la mañana por las heladas, recién a las 8 empezamos a tener un poco de luz. La cancha está como acomodada al clima por así decirlo, por ahora la llevamos bien.

¿Y de que se tratan tus tareas?
“En la cancha hago todo lo que sea necesario, pero tengo que reconocer que me cuesta muchísimo el cambio de hoyos, mayormente por la fuerza y también por mi peso. Yo soy muy cabeza dura y cuando algo no me sale redoblo el esfuerzo, pero con los hoyos no hay vuelta que darle. Todavía tengo que seguir aprendiendo. Veo muchas cosas que el encargado (Walter Cácere) hace y yo todavía no, él sabe muchísimo y me enseña un montón. De a poco uno va afinando el ojo, puede detectar antes algún hongo o cosas así, antes salía a cortar y quizás pasaba 20 veces por el mismo lugar porque no me daba cuenta la diferencia, con los años hay cosas que uno empieza a ver con más claridad”.

Me imagino que al principio fue raro tenerte como compañera.
El compañerismo en el club es excelente. Acá son todos varones y un poco se tuvieron que acomodar a mí, como yo me tuve que acostumbrar a ellos. Me ayudó mucho venir de un ambiente donde la mayoría eran hombres como en la policía, así que te puedo asegurar que nunca me sentí extraña; está claro que acá el ambiente es muy bueno y todos me ayudan.

Dejaste un trabajo que tiene que ver con lo administrativo para salir a palear.
Efectivamente. Si tengo que ir a palear con mis compañeros, paleo arena o lo que se necesite hacer. Siempre hago todo lo que mi cuerpo me permita, pero es muy importante que te guste esto, si vos preferís estar adentro de una oficina la vas a pasar mal acá. En mi última etapa en la policía me tocó hacer trabajos más administrativos y no lo soportaba, necesitaba una ventana o algo. A mí mándame con el viento afuera, a cortar todo el día pasto, yo no tengo drama con eso, pero en una oficina me muero.

¿Existen los prejuicios con las mujeres en este tipo de trabajos?
Sinceramente no sé por qué hay tan pocas mujeres en el mantenimiento de canchas, seguramente tiene que ver con el tema físico en primer lugar porque es un trabajo de mucho desgaste. También hay prejuicios, eso no lo podemos negar, a la que realmente le gusta estar en un trabajo así lo puede hacer sin ningún tipo de problema. Cuando fuimos a la capacitación de la Asociación Argentina de Golf en Buenos Aires y los demás me preguntaban qué hacía en la cancha, me miraban raro cuando les decía que trabajaba en mantenimiento. Manejo la arenadora, corto greens, en general hago todos los trabajos de precisión, pero también trabajo junto a mis compañeros cuando hacemos trabajos grandes como drenajes o el relleno de los bunkers.

¿Jugás al golf?
No. A mi nene lo llevé a jugar y fue por casi dos años, pero terminó dejando; yo nunca me enganché demasiado. Hemos jugado obviamente, y como debe pasar en todos los clubes tenemos algunos palos en el taller y en los tiempos libres le pegamos a alguna que otra pelota, pero no sé las reglas ni nada, solamente cómo tienen que estar las cosas mantenidas, las bancas para los jugadores y todo lo relacionado a la cancha.

¿Qué expectativas tenés con relación a tu tarea?
Si puedo anhelar algo es llegar al nivel de Walter (Cácere), mi Encargado de Cancha. Sé que me falta muchísimo pero quiero seguir aprendiendo para poder llegar al nivel de él. Acá en nuestro club somos todos amigos, no hay mucho de jefe y empleados, si bien cada uno tiene su función y se respeta, tenemos una relación muy buena entre todos y de gran confianza, creo que es todo mucho más familiar que en los clubes de Buenos Aires.

¿Qué te dice la cancha?
Si te tengo que decir cuántos puntos está mi cancha hoy te voy a decir 10, la veo siempre hermosa. A veces me cargan porque digo que la mejor cancha es la nuestra, los greens más lindos, este año estuvimos con una poda grande porque tenemos muchísimos árboles, y en el verano el tema del rough es complicado, hay que cortar todos los días porque es increíble lo que crece el pasto, todo lo que no crece en el año.

Valeria no extraña su antiguo trabajo. Con cuatro temporadas cumplidas, encontró su vocación y su lugar en el mundo en Puerto Belgrano. Adora a “su cancha”, como bien dice. Porque la siente como propia la mima, la cuida y hasta sufre por y con ella en cada helada. Valeria es parte de un mundo que afortunadamente está cambiando.

“Les pasó el trapo a todos”

Ricardo Helman es el Presidente del Golf Club Puerto Belgrano, y cuando le contamos la idea de hacer una nota sobre una de las pocas mujeres que trabaja en tareas de cancha, enseguida se prestó a colaborar con nosotros.

“Hace unos años hubo una vacante para trabajar en nuestra cancha y se presentaron muchos candidatos”, nos cuenta Ricardo, y continúa: “Entre todos los hombres había una sola mujer, algo curioso porque no se suele dar esto cuando de trabajos de mantenimiento de campo se trata. Resultó que les pasó el trapo a todos, teóricamente era excelente, aunque por nuestra parte existían algunos temores por el tema físico. Una vez que la conocimos, nos dimos cuenta que le sobraba coraje y carácter para estar donde está”.

De a poco, Valeria fue encontrando su lugar en el club y no hay tarea a la que le escape, por más esfuerzo físico que ésta demande. “A veces la cargamos porque se le complica la colocación de los hoyos; es lo único, porque al ser muy livianita se le dificulta enterrar el saca bocado. Después, usa todas las maquinas y se destaca por la precisión y el trabajo. Es excelente”.

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